Bienvenidas y bienvenidos a nuestro espacio de educación para la justicia social. En Intersect Madrid, creemos firmemente que la educación antirracista no se limita a mencionar la diversidad de forma superficial o a realizar una actividad puntual una vez al año. Es un compromiso constante; un proceso activo en el que educadores y docentes debemos estar dispuestos a cuestionar lo aprendido para cultivar espacios verdaderamente seguros y equitativos para todo nuestro alumnado.
A menudo nos preguntáis en nuestros talleres de la Escuela de (Des)aprendizaje: «¿Por dónde empiezo?». Sabemos que dar el primer paso puede generar dudas e incluso miedo a equivocarse, pero el silencio o la inacción en las aulas nunca son opciones neutrales.
Hoy queremos compartir tres reflexiones y estrategias prácticas para empezar a construir un aula antirracista y decolonial desde hoy mismo:
1. Desafiar el «daltonismo racial»
¿Cuántas veces hemos escuchado en la sala de profesores la frase «Yo trato a todos mis estudiantes igual, no veo colores»? Aunque suele decirse con buenas intenciones, el daltonismo racial invalida las experiencias vividas de nuestro alumnado racializado.
No ver el color significa ignorar el racismo estructural que atraviesa sus vidas y que también se cuela en las escuelas. Como educadores, nuestro deber es reconocer estas realidades, validar las múltiples identidades de nuestros estudiantes y entender cómo estas intersecciones impactan en su aprendizaje y en su bienestar emocional.
2. Revisar críticamente nuestros materiales educativos
Te invitamos a hacer un pequeño ejercicio: echa un vistazo a la biblioteca de tu aula, a los pósters de las paredes y a los ejemplos que usas en tu asignatura. ¿Quiénes son los protagonistas? ¿Qué historias se cuentan y, sobre todo, desde qué perspectiva?
Trabajar desde una mirada decolonial implica descentrar la narrativa tradicional. No se trata solo de añadir referentes negros, indígenas o asiáticos a los libros de texto, sino de asegurar que no estén relegados a roles estereotipados o vinculados únicamente a historias de opresión o esclavitud. Es fundamental visibilizar sus aportes, su arte y su alegría durante todo el curso escolar.
3. Actuar frente a las violencias (y no mirar hacia otro lado)
Cuando un estudiante comparte una experiencia de racismo o una microagresión, la respuesta del docente es crucial. Frases como «seguro que no lo decía con mala intención» o «son cosas de niños» minimizan el dolor y rompen por completo el vínculo de confianza.
Si eres un educador blanco, piensa cómo puedes usar tu privilegio en tu centro educativo. Escucha activamente sin ponerte a la defensiva, valida los sentimientos de tu alumnado y movilízate para aplicar (o exigir que se creen) protocolos de actuación claros en tu colegio o instituto. El racismo no es un simple problema de convivencia; es una forma de violencia y debe ser tratada como tal.
El viaje es colectivo
Convertirse en un educador antirracista no es un destino al que se llega de la noche a la mañana; es un viaje continuo. Nadie tiene todas las respuestas y es normal tropezar, pero la clave está en el compromiso continuo de (des)aprender en comunidad.
Si quieres profundizar en estas herramientas, compartir experiencias con otros profesionales y explorar nuevas narrativas, te invitamos a participar en los programas de nuestra Escuela de (Des)aprendizaje.
👉 ¿Qué paso vas a dar hoy en tu aula? Descubre nuestros cuadernos de ejercicios gratuitos y recursos en la web, o déjanos un comentario compartiendo cuál es el mayor desafío al que te enfrentas en tu centro educativo. ¡Seguimos construyendo red!